EN DEFENSA DE LA MEMORIA Y DE LOS DERECHOS LABORALES

Ante el actual escenario electoral, preocupa la amenaza de que nuestro país tenga nuevamente un gobierno fujimorista, bajo el cual se acentúen la precarización de las condiciones de trabajo y las debilidades institucionales para la protección de los derechos laborales, la falta de garantías efectivas para la libertad sindical y la desprotección social, como ya lo ha hecho ese sector político en el pasado y lo ha venido promoviendo estos años.

Basta recordar que durante la década fujimorista se llevó a cabo de manera autoritaria una reforma estructural que degradó los derechos laborales y legitimó el abuso de las empresas contra las y los trabajadores; una reforma de la cual somos herederos actuales y cuyos efectos han sido puestos en evidencia por la profunda crisis social y económica generada por la Covid-19. Algunas de las principales medidas de dichas reformas son:

i) Se abrió sin mayores candados la posibilidad de contratar temporalmente (actualmente el 75% de la planilla formal). En la actual pandemia esto ha servido para despedir masivamente trabajadores con la excusa de la “no renovación” del contrato sin ningún tipo de beneficio y protección ante el desempleo.

ii) Se implementó una política de reducción de derechos laborales como un supuesto “mecanismo” para la promoción del empleo y la reducción de la informalidad. Política que, pese a que se ha venido aplicando durante todos estos años, el tiempo y la realidad se han encargado de demostrar que ese objetivo no se ha cumplido.

iii) Se permitió el despido libre y sin causa, y se realizaron ceses colectivos en los sectores público y privado, que luego la justicia se ha encargado de reconocer que fueron ceses colectivos arbitrarios e injustos.

iv) Se destruyó sin miramientos la afiliación sindical, se eliminó la negociación colectiva por rama de actividad y se criminalizó la protesta. Esto ocurrió no solo a manos de los empresarios, quienes tenían todas las de ganar ante un conflicto laboral, sino también a cargo del propio Estado y sus leyes y políticas laborales.

Estas vulneraciones se dieron, además, en un contexto donde las organizaciones y activistas sindicales fueron sometidos a una hostilidad y persecución constantes, al punto de asesinarse al entonces secretario general de la CGTP, el compañero Pedro Huilca, por parte del “Grupo Colina”.

Pero todo ello no es cosa del pasado. El fujimorismo nos ha seguido demostrando que tiene como eje central la destrucción de los derechos laborales. Recordemos algunos ejemplos recientes:

i) Las continuas prórrogas a la Ley N° 27360, denominada “Ley Chlimper”, la cual precarizó durante más de 20 años las condiciones de trabajo en el sector agrario a costa de las ingentes ganancias empresariales.

ii) El proyecto de “Ley del Esclavo Juvenil”, que pretendía ofrecer trabajo sin salario para los estudiantes de educación técnica.

iii) El “Proyecto Letona”, que planteaba eliminar la reposición judicial en casos de despido incausado o fraudulento, contrariamente a todo el desarrollo jurisprudencial que ha tenido el Tribunal Constitucional sobre el tema.

iv) La prohibición de incrementos salariales para las y los trabajadores estatales establecida en las leyes anuales de presupuesto, obstaculizando con ello el derecho a la negociación colectiva en el Sector Público.

En efecto, el fujimorismo con su bancada mayoritaria en el periodo 2016-2018, lejos de rectificar su papel en la historia apoyando leyes que protejan a las y los trabajadores; aprovechó su peso en el Congreso para perseguir a sus oponentes, obstruir a la justicia y pagar los favores de sus millonarios financistas.

A falta de un mes para la segunda vuelta electoral, el riesgo es latente y el futuro del Perú está en juego. El fujimorismo puede volver al gobierno y desde allí arremeter nuevamente contra los derechos laborales. En tal sentido, las y los abajo firmantes, convencidos de que es perjudicial para el país que un partido que ha pisoteado la democracia y ha promovido la eliminación de derechos llegue al Poder Ejecutivo, hacemos un llamado a las y los trabajadores, y a la ciudadanía en general, para que, por sobre la campaña de miedo y desinformación que buscan cerrar el paso a cualquier opción de cambio, emitamos un voto en defensa de la dignidad, la memoria y los derechos laborales.

  1. Javier Mujica Petit – DNI 07217677
  2. Gisella Figueroa Toledo – DNI 10788815
  3. Adolfo Ciudad Reynaud – DNI 10226127
  4. Edgardo Balbín Torres – DNI 07627936
  5. Grace Baquerizo Rojas – DNI 41693884
  6. Fernando Cuadros Luque – DNI 41394981
  7. Andrea Sánchez Matos – DNI 42153117
  8. Joel Cáceres Paredes – DNI 42752194
  9. Ana Hilario Melgarejo – DNI 44272008
  10. Rubén Vásquez Sandoval – DNI 44390964
  11. Lily Ku Yanasupo – DNI 40376673
  12. Enrique Fernández-Maldonado – DNI 10269471
  13. Gianina Echevarría Gutarra – DNI 42397701
  14. Leopoldo Gamarra Vílchez – DNI 06253563
  15. Carolina Quevedo Cárdena – 08808418
  16. Daniel Siguas Hernández – DNI 70442942
  17. Mariela Belleza Salazar – DNI 40070549
  18. Fredy Rodríguez Trujillo – DNI 70167274
  19. Patricia Valenzuela Alejo – DNI 40914005
  20. Juan Diego Motta Villegas – DNI 40761302
  21. Zoila Margarita Romero Rojas DNI 72665504
  22. Carlos Ledesma Cespedes – DNI 41076961
  23. Eleming Valle Rey Sánchez – DNI 42405426
  24. Johan Huamán Llantoy – DNI 43963027
  25. Mirna Jara Campos – DNI 04427251
  26. Saulo Galicia Vidal – DNI 46591339
  27. Jorge García Escobar – DNI 2577033
  28. Miriam Huaccha Queypo – DNI 42356029
  29. César Fernández Mata – DNI 42401842
  30. Virlan Camargo Ochoa – DNI 23802120
  31. Christian Sánchez Reyes – DNI 09674209
  32. Rosario Grados Peña – DNI 44888300
  33. Michael Javier Rocca Soto -DNI 41424978
  34. Rosa Varillas Ordóñez – DNI 41794938
  35. Gustavo Guerra García Picasso – DNI 09179676
  36. Catherine Eyzaguirre Morales – DNI 75497950
  37. José De Echave Cáceres – DNI 07886231
  38. Rocío Silva Santisteban Manrique – DNI 07822730
  39. Eduardo Zegarra Méndez – DNI 06597898
  40. Ruth Evelyn Mattos Guzmán – DNI 40323743
  41. Domingo de Ramos – DNI 08735488
  42. Alejandra Dinegro Martínez – DNI 70651832
  43. Hugo Cabieses Cuba – DNI 10585951
  44. Rocío Maldonado Alarcón – DNI 43134022
  45. Rodrigo Samamé Cabrera – DNI 41565974
  46. Fanny Lidia Bautista Puchuri – DNI 43491221
  47. Luis Jesús Baldeon Bedon – DNI 45466433
  48. Yolanda Valentin Nina – DNI 08613939
  49. Karol Eduardo Muñoz Arista – DNI 71482082
  50. Ela Dorena Pérez Alva – DNI 10323252
  51. Elio Béjar Cárdenas – DNI 44727853
  52. Velia Rosas Villena – DNI 08806100
  53. José Távara Martín – DNI 06086270
  54. Blanca Cosavalente Gutiérrez – DNI 08397681
  55. José Oña Meoño – DNI 09180441
  56. Marta Kuong Haydey – DNI 08119421
  57. Edgardo Cicerón Ciriaco Salinas – DNI 08372518
  58. Juana Patricia Hidalgo Euribe – DNI 08756320
  59. Emilio Salcedo Tapia – DNI 10732590
  60. Melissa Bohórquez Quito – DNI 44449031
  61. Carlos Eduardo Cáceres Torres – DNI 25783162
  62. Miguel Ángel Llanos Romero – DNI 09079428
  63. Roy Alexis Quispe Agipe – DNI 70280543
  64. Javier Huancahuari Moya – DNI 43257656

Continúan adhesiones…

JAVIER NEVES MUJICA, IN MEMORIAN

A poco más de un mes de la partida de Javier Neves Mujica –abogado laboralista, docente universitario, ministro de Trabajo y, sobre todo, excelente persona–, queremos rendirle este sencillo recordatorio como TrabajoDigno.pe.

La forma de hacerlo es releyendo sus reflexiones y apreciaciones sobre el que fuera el centro de su quehacer profesional y académico: el derecho laboral y el estudio de las relaciones de trabajo en nuestro país.

Sus conocimientos especializados y el justificado respeto que le tenían en diversos sectores laborales, académicos y empresariales, le valió para ser nombrado Ministro de Trabajo y Promoción Social el año 2004, en una coyuntura particular, pues se trataba del segundo gobierno democrático tras la década autoritaria del fujimorismo. La temperatura del momento la marcaba la discusión sobre la Ley General del Trabajo, iniciativa impulsada por los sindicatos para restituir el equilibro perdido con la legislación laboral neoliberal de los noventa. La primera entrevista que compartimos es, precisamente, de ese periodo, cuando ocupaba el sillón ministerial en el MTPE.

La segunda entrevista es más reciente y fue hecha para el blog TrabajoDigno.pe. En esta aborda, con una mirada amplia pero precisa y determinante, cuáles fueron los patrones de la “normalidad laboral” que heredamos del fujimorismo y que terminó legitimando la ideología del “cholo barato” como medio para lograr la productividad y competitividad en el medio. Abajo compartimos una versión ampliada de esta entrevista.

Entrevista en La República (pdf)

Entrevista a Javier Neves

Javier Neves Mujica, ex ministro de Trabajo, será recordado por la solvencia técnica de sus posiciones a favor de los trabajadores. En esta entrevista comparte una mirada panorámica a los últimos treinta años de políticas laborales en el país.

¿Quiénes fueron los operados de la reforma laboral fujimorista?

Quisiera decir antes, que la reforma laboral de Velasco aunque novedosa, fue criticada desde la izquierda. Era paternalista, reforzó la estabilidad laboral y la participación en la empresa. Pero en lo colectivo fue muy controlista. Marcado intervencionismo del Estado en la resolución del conflicto. Las reformas de Fujimori, en lo colectivo, fue claramente autonomista. La izquierda quedó descolocada. En lo individual se produjo un giro.

Pero ese no era el plan de gobierno original. ¿Cuándo se dio ese giro?

Cuando Fujimori era candidato, Santiago Roca nos llamó a Carmen Rosa Balbi y a mi para preparar un plan laboral. Lo expusimos ante Fujimori, que mostró cierta atención. Para cuando asumió el cargo dio un vuelco radical.

¿Quiénes fueron los operadores de esa reforma?

Los más involucrados fueron Ricardo Marcenaro y Carlos Torres y Torres Lara. Y un grupo de amigos de grandes estudios que fueron los que hicieron las reformas. Ese equipo estuvo claramente detrás de la reforma individual y colectiva, y de la reforma de del capítulo laboral en la nueva constitución.

¿Cómo logró darse una reforma que proponía cambios tan radicales?

Fujimori obtuvo del congreso “obstruccionista” facultades delegadas con los que se aprobaron hasta 12 decretos legislativos en lo individual, que lo reformaron todo. La Ley de Fomento del Empleo, que eran en realidad una Ley de Contrato de Trabajo; la de Compensación por Tiempo de Servicios, la de Gratificaciones, la de Jornada de Trabajo y Descanso.

Con Adolfo Ciudad y Ana María Yáñez criticamos el proyecto de capítulo laboral de la Constitución de 1993. Por supuesto que no incorporaron nada. Éramos minoría.

¿Qué buscaban con estas reformas?

Como fueron hechas por abogados ligados a intereses empresariales, querían que el Estado intervenga menos en lo laboral. En lo colectivo les convenía el control. La ideología liberal era la de flexibilidad y regular menos. Eso los unía: eran una comunidad de abogados de empresa. Que legislaron pensando en los problemas laborales de sus clientes, los que enfrentan en los juicios. Los reglamentos eran respuesta a los problemas que ellos tenían.

¿Qué otro aspecto contempló la reforma fujimorista?

Los otros decretos legislativos no eran tan cuestionables. Eran ordenar, modernizar, incluso la ley de compensación por tiempo de servicios. Antes los adelantos eran a cuenta y tenían que recalcularse. Con la nueva ley, el deposito es semestral y cancelatorio. Los sindicatos estaban en contra de la nueva ley. El Tribunal de Garantías Constitucionales se tumbó la ley. Dijo que había que combinar las dos cosas. Cualquier adelanto era pago a cuenta, pero a la vez te depositaban… una total incoherencia. En conclusión: en jornadas y descansos, gratificaciones, utilidades, CTS, representaron más una actualización de la normativa.

¿Cuál fue el cambio más significativo del nuevo ordenamiento laboral?

La propuesta más clara flexibilizadora fue la Ley de Fomento del Empleo, que incluyó nueve modalidades de contratos temporales, la eliminación de la reposición en casos de despido nulo, dejando al incausado e injustificado fuera del derecho solo con indemnización. Fueron cambios importantes respecto de lo anterior.

El eje de la reforma fue la estabilidad: contratación y despido, entrada y salida. Esa fue la gran batalla. La otra discusión sobre los sobrecostos es falsa. Muchos empleadores no ponen el acento ahí.

¿Cómo reaccionaron los empresarios?

Amigos que trabajan en Telefónica me dieron a entender que lo clave era la capacidad para imponer disciplina. El empleador es un autoritario. No quiere un poder que lo controle, por eso aborrece al sindicato. Cuando los jueces reponen a un dirigente sindical, el empleador se siente debilitado. “Ese se va a enseñorear, ahora está fortalecido”. El caso de Topy Top es ilustrativo. Hacen lo que sea, tanto en la vía legal como en la fáctica, para evitar el regreso de su principal dirigente. Dicen: “Yo soy el dueño esta es mi empresa, por qué voy a compartir decisiones con alguien”.

El regreso a la democracia, ¿se dio un cambió en el ordenamiento laboral?

El 2003, con el ministro de Trabajo Fernando Villarán, se recogieron las propuestas del Comité de Libertad Sindical de la OIT en lo referido a la legislación sobre relaciones colectivas. Se incorporaron 12 de las 16 recomendaciones hechas. Se quedaron sin realizar las referidas a las de huelga. Fue uno de los poquísimos cambios legislativos importantes desde Fujimori hasta hoy.

¿Algo que rescatar en este periodo?

Lo que logramos sacar el 2004, y con gran rechazo de Toledo, fue el registro sindical de trabajadores públicos. No tenían dónde inscribirse. Se había disuelto el INAP, casi todas las funciones se habían designado a otros organismos, pero esta no tenía. Había una disposición general que decían que las que no tenían asignación, iban a SUNARP, pero esta no quería. Sacaron un decreto supremo de registro sindical, y pudieron esta volver a inscribirse para negociar colectivamente. El congreso sacó una ley que no se reglamentaba.

¿Toledo la apoyó?

Toledo quería una ceremonia con los sindicatos para presentar el decreto. Pero luego se retracto y no quiso firmar. “Todos esos sindicatos van a querer luego negociar”. Le dije que si no firmaba el decreto, renunciaba. Sin embargo, la aprobó y se metió luego un discurso “yo he sido lustrabotas”.

También salió algo sobre inspección. El ministro Zavala modificó durante la transición las normas de inspección. Luego se han dado otros cambios, en lo legislativo, en lo jurisprudencial con el TC y algunos plenos supremos. Sentencias importantes como la del 2001 que dispuso que el despido incausado era inconstitucional y la del 2003 que dispuso el despido fraudulento. El campo de los despidos que conducían a la reposición creció: también el incausado y fraudulento. Y la Suprema complementó: esto se puede tramitar no solo en la vía constitucional del amparo, sino también en laboral ordinaria. Ahí han venido importantes cambios.

¿Por qué algunos sectores hacen tanto hincapié en lo del derecho a la reposición?

Si tu suprimes la reposición, y dejas intacta la contratación temporal, van a seguir contratando temporalmente. Como no hay indemnización, siempre será más barato. Odian que el trabajador regrese empoderado.

Sin embargo, no hay políticos que salgan a defender esa sentencia.

Nos han arrinconado tanto, con este discurso desregulador y flexibilizador, que terminamos defendiendo el régimen laboral fujimorista, pero con las importantísimas incorporaciones del Tribunal. No tenemos ninguna capacidad ninguna de proponer algo distinto.

¿Qué pasó con la famosa Ley General de Trabajo?

Por su trascendencia este proyecto requería de tres niveles de consenso. Un técnico, otro social en el CNTPE y otro político en el Congreso. Si prosperaba, iba a ser un proyecto muy consolidado. Los empresarios querían una reforma para empeorar. Le hablabas de recuperar derechos y nos respondían ustedes están soñando. Los temas más sensibles eran los de protección de la libertad sindical y despido.

¿Consideras alentador que los jóvenes lograran derogar una norma que los perjudicaba?

Los llamados pulpines no ganaron esa batalla, sino ganaron el futuro. Cualquier proyecto futuro en esa dirección hacía temblar las piernas. Significaba tener 50 mil personas en la calle protestando.

Sin embargo, Kuczynski intentó aprobar una Ley Pulpin 2.0.

El ministro Grados pretendió el primero año aprobar la contratación temporal sin causa. Ya no interesa la farsa de aparentar que tu puesto es permanente puesto que era recontra temporal. Felizmente no prosperó. Con los jóvenes no se van a meter. Por ejemplo, la Agenda País de Confiep hace una propuesta de empleo juvenil que incluye derechos laborales, pero con incentivos tributario. Los pulpines han hecho que este tipo de proyectos no vuelvan a la agenda.

¿Consideras que vivimos bajo una ideología que promueve el cholo barato?

Ya se hablaba el tema en los setenta. El gobierno revolucionario decía: el patrón no comerá más de tu pobreza. Luego aparecieron términos como “colaboradores”. Está muy extendido. Hasta en la Universidad Católica tiene pronunciamiento que lo utilizan. Todo esto tiene origen en el modelo norteamericano de relaciones industriales.

¿Es posible pensar en un consenso con los empresarios en lo laboral?

El terror de los empresarios no es un marxista, es un técnico que resuelve con justicia. Al ministro Christian Sánchez, ¿por qué lo odiaban cuando fue director o ministro? Porque sacaba resoluciones sólidamente sustentadas. Cuando ellos piden algo en el que no tienen la razón, se les niega razón, y si se les niega con sustento.

Recuerdo una famosa resolución de Tramarsa, los trabajadores quieren ir a la huelga y el empresario, para atrasarlos, solicita el arbitraje potestativo, antes de que entre la solicitud de huelga. Y se suscita un debate: si era facultad del sindicato solicitar el arbitraje potestativo y el empresario no puede pedir arbitraje si el sindicato quiere huelga. El ministerio resolvió a favor de Tramarsa, cuando era Director General de Trabajo, Juan Carlos Gutiérrez.

Una cuestión ética: el Estado antilaboral y antisindical*

La Coordinadora Nacional de Trabajadores del Sector Público (CONTRASEP) es una organización que se conformó en febrero de 2020, con la principal vocación de contrarrestar los actos de abuso del Estado peruano contra los derechos de sus trabajadores. Pero esta no es la única organización creada en los últimos tiempos con ese fin; existen otros frentes y movimientos integrados por sindicatos y federaciones de trabajadores del Estado que han surgido bajo la misma consigna. Y es que, en materia laboral, parece que el Estado ha logrado superar al sector privado en inequidades, despidos arbitrarios, prácticas antisindicales y otros más.

Esta problemática no es de poca importancia. De acuerdo a las normas constitucionales, es un deber primordial del Estado garantizar la plena vigencia de los derechos humanos. No obstante, las autoridades políticas suelen pasar por alto las condiciones de las personas que trabajan en la Administración Pública, y a pesar de ello insisten frente a la población con un discurso que vende la promesa de un Estado fuerte, eficiente y eficaz. Pero el razonamiento es simple: ningún Estado se puede comprometer seriamente con el respeto de los derechos de la ciudadanía, si vulnera los derechos en casa. Así que, no nos dejemos engañar.

¿Realmente creemos que el Estado puede tomarse en serio el fortalecimiento de la fiscalización laboral, cuando en las entidades públicas todos los días se desnaturalizan las relaciones de trabajo debido a la diversidad de regímenes laborales o a la contratación indebida de servicios de terceros para hacer labores permanentes? ¿Nos creemos que el Estado promueve la sindicalización y garantiza la libertad sindical en las empresas privadas, cuando en las entidades públicas se cometen despidos anti sindicales disfrazados de una no renovación contractual o se someten a los dirigentes sindicales a procedimientos administrativos disciplinarios abusivos? ¿Vamos a creer que el Estado fomenta la negociación colectiva en el sector privado, cuando dicta normas para impedir que sus propios trabajadores puedan ejercer este derecho? Siempre trato de llamar la atención sobre los problemas en el empleo público, pues son parte de las reformas pendientes en materia de política laboral; pero, desde mi modesta opinión, todavía estamos algo lejos de diagnósticos acertados.

Nadie puede negar que es necesario ordenar la contratación de trabajadores en la Administración Pública sobre la base de criterios meritocráticos, así como es necesaria una adecuada regulación de la carrera administrativa. Ambos objetivos permitirán mejorar los niveles de eficiencia y calidad en la prestación de servicios a la población. Pero no se puede hacer esto intentando, a su vez, reducir o restringir los derechos de los trabajadores. Los graves problemas que aquejan desde hace décadas al Estado, no están referidos propiamente al reconocimiento de derechos laborales o a la falta de recursos presupuestales. Si ese fuese el caso, los peruanos y las peruanas no perderían miles de millones de soles por actos de corrupción en el ámbito estatal, como ha reportado la propia Contraloría General de la República[1].

Veamos. Actualmente en el Estado peruano existen más de 1 millón 600 mil trabajadores, es decir, el empleo público representa el 9% de la PEA ocupada nacional, con la siguiente distribución de trabajadores por régimen de contratación:

DISTRIBUCIÓN DEL EMPLEO PÚBLICO

Régimen de contratación Número de trabajadores % del total
Carreras especiales* 707,400 43.4%
CAS 356,817 21.9%
276 246,890 15.2%
728 172,989 10.6%
Locadores 143,309 8.8%
Servicio civil 868 0.1%
Total 1,628,273 100.0%

*Carreras especiales: profesores de educación básica, profesionales y asistenciales de la salud, fuerzas armadas y policiales, diplomáticos, docentes universitarios, magistrados, fiscales y servidores penitenciarios.
Fuente: Planilla electrónica – Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo, Octubre 2020.

Un dato adicional es que los trabajadores temporales en el Estado -que son principalmente los del régimen CAS y que superan en número a los regímenes de los Decretos Legislativos 728 y 276-, en la práctica se ven obstaculizados de ejercer sus derechos colectivos como la sindicalización, la negociación colectiva y la huelga por la propia naturaleza de sus contratos. Por ello, actualmente la tasa de sindicalización en el Sector Público es bastante baja (15%), y si bien es cierto poco a poco se está tratando de recuperar algo de la institucionalidad y fuerza que gozaban los sindicatos en el país antes de que fuesen desarticulados como producto de las políticas neoliberales de los años 1990, la tarea sigue siendo bastante compleja ya que el sistema administrativo peruano, tal como ha venido funcionando, es favorable a los círculos de abuso, explotación y corrupción que tienen capturado el aparato estatal. Así que, las cosas no van a cambiar tan fácilmente.

Un claro ejemplo de lo señalado es la Autoridad Nacional del Servicio Civil (SERVIR) -una entidad que fue creada en el año 2008 y que se encuentra adscrita a la Presidencia del Consejo de Ministros- que constantemente nos habla de meritocracia cuando todos sus presidentes ejecutivos han sido elegidos sin ningún proceso meritocrático. Quienes trabajamos en el ámbito estatal sabemos bien que esa es una práctica común para los cargos de dirección; es decir, las personas que ingresan a dirigir las instituciones y deciden el rumbo de las políticas públicas en nuestro país, no son sometidos a procesos de elección que garanticen que estas sean las más idóneas para ocupar dichos cargos, salvo el haber superado los particulares y poco transparentes “criterios de evaluación” de quienes los han elegido. Ese desorden es peligroso porque mantiene funcionarios serviles a los intereses de quienes han permitido que estos ocupen tales puestos, bloqueando el ingreso de funcionarios con mejores perfiles y que sí se deben al bien común. Es así como se configura, desde los gobiernos de turno, un Estado antilaboral y antisindical como el que ahora tenemos.

En ese contexto de constantes abusos laborales contra los trabajadores del Sector Público, lo cual -reitero- repercute negativamente en la calidad de los servicios a la ciudadanía, el 23 de enero de este año la CONTRASEP remitió al actual Presidente de la República, Francisco Sagasti, una carta solicitándole evaluar diversas reformas en materia de empleo público, relacionadas con los siguientes problemas:

  • La diversidad de regímenes de contratación (728, 276, CAS, locadores de servicios, etc.) que no se justifican en criterios objetivos, sino discriminatorios, lo cual genera mayor precariedad laboral y corrupción;
  • La elevada contratación de personal de confianza exento de procesos meritocráticos, para ocupar cargos de dirección, a pesar de que muchas veces no se cumple con el perfil requerido, lo cual abre la puerta a la inestabilidad de las políticas públicas, al pago de favores políticos partidarios y a la corrupción;
  • La informalidad laboral debido a la contratación indebida de locadores de servicios, cada vez en mayor número, para realizar labores permanentes;
  • El gran desfase salarial que existe en las entidades públicas, generando inequidades entre trabajadores de un mismo centro de trabajo o que se encuentran en un mismo régimen laboral.

Seguramente para muchos resultará poco realista pedirle encarar estas cuestiones a alguien que está próximo a dejar el gobierno del país, y que debería enfocarse en afrontar la crisis sanitaria que estamos viviendo. No obstante, hay que recordar que dicha crisis también ha agudizado las fragilidades institucionales en materia de protección laboral, por lo que no hablamos de temas ajenos a las actuales necesidades de la población.

El desorden y la amplia discrecionalidad que tienen las entidades públicas para exigir meritocracia con ciertos trabajadores, y al mismo tiempo colocar excesivo personal de confianza en cargos directivos (los que en su mayoría solo cumplen requisitos de afinidad política y desconocen el funcionamiento propio de cada institución), mantiene la puerta abierta a la corrupción y a la ineficiencia en la gestión pública. El resultado es más que notorio.

Si queremos un Estado protector de los derechos humanos -y esto incluye a los derechos laborales-, debemos estar dispuestos a exigirle a este que empiece ordenando su casa, con justicia, meritocracia y transparencia. Solo así estaremos dando un paso importante en la gestión honesta de los recursos humanos en la Administración Pública, y disparando contra un sistema corrupto que le es favorable a quienes desean seguir manejando el Estado a su antojo.

Con todo, algunas batallas se han ganado. La derogación de los Decretos de Urgencia Nº 014-2020 y Nº 016-2020, que vulneraban los derechos a la negociación colectiva y a la estabilidad laboral de los trabajadores en el Sector Público, así como la derogación por insistencia del Régimen CAS, al margen de la discusión de si estas fueron las mejores salidas a los problemas de fondo, posicionan una cuestión ética: si es correcto que el Estado sea un mal empleador, y esta cuestión principista es un punto importante que -de inicio- nos da buenos argumentos a favor de las reformas antes señaladas.

Finalmente, la existencia de mayores movimientos y organizaciones sindicales a raíz de los abusos sistemáticos del Estado contra sus trabajadores, empuja al resto de actores laborales a una mayor presencia y activismo social, fortaleciendo con esto la democracia participativa y sustantiva. Ciertamente, se requiere una renovación del discurso y de la dirigencia sindical tradicional, y en esa tarea algo se viene avanzando. Pero hay que seguir apostando por un diálogo plural, integrador y solidario entre dichas organizaciones, porque las luchas más difíciles estarán afuera, en el ámbito político, y hacerle frente requerirá mayor preparación y nuevas estrategias de acción.

*Lily Ku Yanasupo
Abogada constitucionalista y dirigente sindical

[1] http://www.contraloria.gob.pe/wps/wcm/connect/cgrnew/as_contraloria/prensa/notas_de_prensa/2020/lima/np_628-2020-cg-gcoc

TRES OPCIONES TRES Los trabajadores agrarios frente a la Ley N° 30110

Javier Mujica Petit

Lo lograron. Con la ayuda del Gobierno, los grandes empresarios de la agroindustria peruana lograron limitar sustancialmente los daños que amenazaban sus privilegios en materia tributaria, y conservar lo sustantivo del régimen de explotación laboral que les regaló la Ley Chlimper (N° 27360), hace ya veinte años: la nueva ley aprobada cambia algunos pocos aspectos laterales, pero mantiene en esencia el mismo régimen. Los disturbios que se suscitaron por el rechazo a la norma no duraron más de 10 días gracias, por un lado, a la represión violenta contra la población desplegada por miles de policías trasladados al norte y el sur; y, por otro, a la sensibilidad diferenciada que los medios y la opinión pública concedieron a los muertos y heridos esta vez.

Sometidos al Gobierno y al lobby de los “coordinadores parlamentarios” de la Asociación de Gremios Agrarios Productores del Perú (AGAP), los partidos políticos representados en el Congreso abandonaron el proyecto de dictamen que unánimemente aprobó la Comisión Multipartidaria que el mismo Congreso había nombrado apenas dos días antes. Fue así como dejaron de lado –sin justificación alguna– la propuesta de conceder a los trabajadores agrarios una bonificación de 25% sobre la Remuneración Mínima Vital (RMV), igual a la que ya reciben los trabajadores mineros (DS N° 030–89–TR). Abandonaron su propuesta de otorgar a los trabajadores una bonificación anual por productividad; y también la de reconocerles una asignación por escolaridad, como la que perciben los trabajadores estatales y no pocos del sector privado. Se olvidaron de la propuesta de reconocerles, a partir de la entrada en vigencia de la ley, el derecho a participar del 10% en las utilidades generadas con su trabajo, como ya gozan los  trabajadores de la industria, las pesqueras y las empresas de telecomunicaciones. Y abandonaron, con idéntica facilidad, la propuesta de recoger en la ley la obligación de recontratar al trabajador de temporada contratado por más de dos veces consecutivas o tres alternadas, como establece ya el artículo 69 del Decreto Supremo 003–97–TR. Y como les pareció que no habían olvidado lo suficiente, desecharon de su propia propuesta –aprobada por unanimidad– la obligación patronal de pagar la misma contribución a la seguridad social en salud que pagan todas las demás empresas, así como de establecer por ley las condiciones mínimas de trabajo (alimentación, transportes, seguridad y salud, etc.) que todos los demás países de América tienen reconocidas en sus respectivas legislaciones. Continuar leyendo

POR UNA AGRICULTURA Y AGROINDUSTRIA QUE BENEFICIEN REALMENTE A LAS TRABAJADORAS Y TRABAJADORES

Las y los especialistas que suscribimos este pronunciamiento, saludamos la decisión del Congreso de la República de derogar la Ley 27360, de Promoción del Sector Agrario, por las razones que motivaron la protesta laboral, vinculadas con las precarias condiciones de trabajo y la desprotección social que posibilitaba el anterior marco regulador; y al Ejecutivo por no observarla.

Consideramos, asimismo, que la propuesta de ley presentada por la “Comisión Multipartidaria para la Creación de una Nueva Ley Agraria”, representa un punto de partida para la discusión y aprobación de una norma que realmente introduzca cambios sustanciales en las condiciones laborales en el sector agrario.

En ese sentido, cabe señalar los avances que introduce el proyecto de ley en materia de derechos y beneficios laborales, que mejoran algunos aspectos de la norma derogada, comenzando por la prohibición de la tercerización e intermediación laboral de actividades principales en el sector agrario, así como el reconocimiento expreso del derecho de los trabajadores a recibir utilidades, una asignación familiar, un pago por escolaridad, una tasa adicional por jornada laboral nocturna y el seguro por trabajo de riesgo.

Sin embargo, a pesar de estos aspectos importantes, vemos con preocupación que este proyecto de ley insista con algunos de los dispositivos de la anterior legislación que se derogó por considerarla injustificada:

  • Se establece una remuneración básica agraria (RBA) que reproduce el patrón remunerativo del régimen derogado: la compensación por tiempos de servicios (CTS) y las gratificaciones se pagan conjuntamente con el jornal diario, como parte de una remuneración integral, desnaturalizando el objetivo de ambos derechos (principalmente la CTS, como soporte económico para la cesantía); razón por la cual ambos conceptos deben pagarse por separado, como establece el régimen general de la actividad privada.
  • Los aportes a la seguridad social siguen estando por debajo de lo establecido en el régimen laboral general (7% de la remuneración en lugar de 9%), perpetuando el desbalance financiero de EsSalud, como si los trabajadores agrícolas y agroindustriales no estuviesen expuestos a problemas de seguridad y salud ocupacional, incluso más que en otros sectores.
  • Lo que corresponde es que los trabajadores agrarios gocen de los mismos beneficios laborales que los trabajadores sujetos al régimen laboral general.
  • Consideramos, además, que la demanda de un aumento remunerativo levantada por los trabajadores del campo, se justifica plenamente, dada la profunda desigualdad en la evolución de los ingresos laborales respecto de las millonarias utilidades empresariales en 20 años de recibir subsidios estatales, expresados en un menor aporte a la seguridad social de sus trabajadores, el pago de la mitad del impuesto a la renta, los beneficios del drawback, la depreciación de activos, las ventajas arancelarias de los acuerdos de libre comercio, el acceso barato al recurso hídrico, entre las principales. En ese sentido, los trabajadores de la agricultura y agroindustria debieran recibir un aumento de su remuneración mínima vital de al menos 50%.
  • Con relación al reconocimiento del bono de productividad, este aparece condicionado a “si hay acuerdo” de los trabajadores con su empleador, lo cual resulta extremadamente difícil en un sector con una tasa de sindicalización del 4%. En su lugar, debe garantizarse la libre organización y fomentar la negociación colectiva de los trabajadores con sus empleadores, con el fin de permitir que las mejoras en su productividad laboral se transformen en mejoras salariales. Para ello, resulta fundamental que los trabajadores agrarios que realizan labores permanentes sean contratados a plazo indefinido, mientras que aquellos estacionales recurrentes, accedan a un contrato estable discontinuo.
  • El fortalecimiento de la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (SUNAFIL) es una medida largamente demandada no solo por los trabajadores, sino que es recomendada también por nuestros principales socios comerciales, en el marco de los acuerdos comerciales suscritos con nuestro país que incorporan compromisos en materia laboral y ambiental. Sin embargo, este fortalecimiento solo será posible si se asignan mayores recursos presupuestales; de lo contrario, toda mención al respecto carece de sustento y se reduce a un mero ejercicio retórico.
  • Con relación al régimen tributario, si bien consideramos necesaria una adecuación progresiva al régimen general para las empresas que se beneficiaron menos de cinco años con los beneficios tributarios del régimen agrario, esta debiera considerar un menor plazo al propuesto (2025 en lugar del 2028), además de modificar el orden de las condicionalidades establecidas para acceder a este derecho: las empresas agrícolas no podrán acceder a los beneficios tributarios si cuentan con infracciones en el ámbito laboral o ambiental.

Por lo expuesto, creemos que el Congreso de la República tiene una oportunidad histórica para corregir un marco normativo que cumplió con creces su objetivo original, consolidando económicamente a un sector que se ha visto beneficiado con las políticas comerciales, el acceso a los recursos naturales y a vías de comunicación subsidiadas con recursos públicos, por lo que es momento que quienes han hecho posible este despegue y consolidación –como son las trabajadoras y los trabajadores del agro– se beneficien también y de manera proporcional, con una mayor participación en las ganancias generadas por la agricultura.

Se adhieren individualmente:

Javier Neves Mujica

Christian Sánchez Reyes

Oscar Ugarteche Galarza

María Bastidas Aliaga

Fernando Cuadros Luque

Alfredo Villavicencio Ríos

Adolfo Ciudad Reynaud

Elmer Arce Ortiz

Giovanna Larco Drouilly

Javier Mujica Petit

Lily Ku Yanasupo

Alan Fairlie Reinoso

Mariela Belleza

Carlos Mejía Alvites

Jorge Bracamonte Allaín

Saúl García Santibáñez

Eduardo Zegarra Mendez

Diana Miloslavich Túpac

José Marcos-Sánchez Zegarra

Edgardo Balbín Torres

Pedro Francke Ballve

Henry Carhuatocto Sandoval

Julia Cuadros Falla

Pablo Ricardo Abdo

Luis Miguel Sirumbal Ramos

Grace Baquerizo Rojas

Juan Diego Motta Villegas

Milagros Vivas Ponce

Luis Enrique Mendoza Choque

Omar Cavero Cornejo

David Campana Zegarra

Gladys Gabriela Cusimayta Lobo

Guillermo Miranda Hurtado

Willman César Meléndez Trigoso

Pier Paolo Marzo Rodríguez

Juan Carlos Vargas Marín

Gianinna Echevarría Gutarra

Enrique Fernández-Maldonado Mujica

Andrea Sánchez Matos

Wilfredo Sanguineti Raymond

Flor Blanco Hauchecorne

Paul Castellanos

Pablo Ricardo Abdo

Irma Elvira Ganoza Macchiavello

Julia Carmen Espinoza Bernal

Ibis Fernández Honores

Mirtha Villanueva Cotrina

Ruth Luque Ibarra

Amire Romina Ortiz Arica

Rayza Collazos Alvarado

Sonia Johana Asurza Espiritu

César Mariano Figueroa Vergara

Rosario Narváez Vargas

Magali Aguilar Cortez

Se adhieren colectivamente:

Federación de Trabajadores del Agua Potable del Peru (FENTAP)

Fundación Ecuménica para el Desarrollo y la Paz (FEDEPAZ)

Plataforma de la Sociedad Civil sobre Empresas y Derechos Humanos

Programa Laboral de Desarrollo (PLADES)

Red de Propuesta y Acción (Red Muqui)

Centro de Derechos y Desarrollo (CEDAL)

Centro de Políticas Públicas y Derechos Humanos (PERÚ EQUIDAD)

Confederación Nacional de Trabajadores del Perú (CATP)

Asociación Nacional de Centros (ANC)

Instituto de Defensa Legal del Ambiente y el Desarrollo Sostenible (IDLADS PERÚ)

Asamblea de Delegados de Organizaciones de la sociedad civil de Lambayeque (ADOSCIL)

Movimiento Manuela Ramos

CPM Micaela Bastidas Trujillo

Colectiva Mujer y Poder

Acción Solidaria para el Desarrollo (COOPERACCIÓN)

Confederación Intersectorial de Trabajadores Estatales del Perú (CITE)

Acción por Igualdad

Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS)

Centro de Desarrollo Étnico (CEDET)

Comisión de Derechos Humanos Alto Huallaga (CODHAH)

Colectiva Obstetras Feministas

SEDYS Trujillo

Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH)

Asociación Servicios Educativos Rurales

Asociación de Productores Agrarios, Pecuarios y Agroindustriales de la Provincia del Alto Amazonas (ASPROAPEC)

Derechos Humanos y Medio Ambiente (DHUMA)

Plataforma de Recursos Naturales y Desarrollo Sostenible (RENADES)

Colectivo Uniones Perú

Grupo de Mujeres Diversas

CMP Flora Tristán

Asociación Mujeres Las Karahuayllas

Colectivo Juntos Perú por Justicia basta de Impunidad

Central de Trabajadores del Perú (CTP)

Para adhesiones:  https://cutt.ly/AhXbK8P

 

 

¿Por qué es inconstitucional el DU 014-2020? 12 razones explicadas por el Dr. Adolfo Ciudad

TrabajoDigno.pe se complace en compartir el documento “Doce motivos de inconstitucionalidad del D.U. 014–2020, sobre la Negociación Colectiva en el Sector Público”, elaborado por el Doctor Adolfo Ciudad Reynaud. A partir del análisis del contexto de derecho constitucional del trabajo en que se dicta el D.U. 014–2020, Ciudad analiza cómo el Poder Ejecutivo se niega a cumplir la sentencia del Tribunal Constitucional del 26 de abril de 2016, donde se insta al Congreso de la República a regular sobre el derecho a la negociación colectiva –sin restricciones– para los diversos sectores del Estado.  “En nuestro país –nos dice el autor– se legisla con el deliberado propósito de impedir el ejercicio de los derechos fundamentales de libertad sindical y negociación colectiva, particularmente en el sector público”.

Desde esa perspectiva, Ciudad fundamenta por qué el decreto de urgencia en cuestión es inconstitucional, agrupando en los argumentos en 6 ejes temáticos:

CONVERSATORIO EN HOMENAJE A JULIO GAMERO REQUENA (1957–2020)

A tres meses de la partida de nuestro querido amigo y colega, Julio Gamero Requena, nos queda un enorme vacío, pero, sobre todo, el recuerdo de un ser humano íntegro y un reconocido profesional comprometido con las causas justas. Con este conversatorio, las instituciones organizadoras (Cedal, Desco, TrabajoDigno.pe y Solidarity Center) queremos poner en relieve la notable trayectoria académica, docente y laboral de Julio; la cual se materializó, por un lado, en un nutrido legado de investigaciones y publicaciones que destacaron por su rigurosidad analítica y capacidad de propuesta, del mismo modo que por una consistente participación en importantes instituciones públicas y privadas, así como el mérito de haber formado a varias promociones de alumnos y discípulos.

El conversatorio estará organizado en cuatro mesas temáticas, que intentan abarcar las diversas problemáticas y tópicos abordados por Julio Gamero a lo largo de casi cuatro décadas de trabajo en organizaciones de la sociedad civil, en el sector público y en el ámbito de Naciones Unidas. En este enlace podrán revisar el Programa del Conversatorio. Continuar leyendo

Elecciones en Estados Unidos DEBATIENDO CON UNA MOSCA

María Cristina Vigil (*)

Al fin llegó el tan ansiado día. Millones de ciudadanos norteamericanos participaron en la votación presidencial anticipada en la Florida y diversos estados. Una vez que deposité mi balota me embargó una sensación de alivio y alegría a la vez.  Sobrevivimos ocho meses de crisis sanitaria soportando ese tren descarrilado llamado Trump. Sin embargo, el suspenso y la incertidumbre no llegara hasta después del 3 de noviembre, día de la votación general.

La mayoría de la ciudadanía sigue sufriendo la pésima administración del sistema de salud. A partir de marzo, la trágica pandemia se magnificaba día a día, sin que el presidente tomara las medidas necesarias para un control eficiente del monstruo. Llegado a un punto los hospitales carecían de todo lo necesario para la protección de los doctores, enfermeras y del personal de salud. Varios gobernadores pedían ayuda a Washington, pero esa ayuda si llegó, fue muy tarde y muy poca.  Un triste ejemplo es el caso de Nueva York. Siendo el epicentro nacional de la pandemia, llegó un momento en que faltaron camas, ventiladores y hasta las mascarillas N–95, las oficialmente requeridas para el personal médico.

Resulta incuestionable que las 220,000 muertes provocadas por la pandemia son consecuencia directa de la decisión de Trump de ocultar por más de 3 semanas que el virus estaba vivito y coleando en el país. El pésimo manejo de la emergencia sanitaria es responsabilidad exclusiva del Presidente y de nadie más. Así lo ha revelado el distinguido periodista Bob Woodward, del diario The Washington Post, al publicar parte de la entrevista que le hiciera a Trump, en la que declaró que decidió no informar al país sobre el virus “para no causar pánico”.  Una decisión imperdonable e inadmisible.

Así pasaron semanas y meses de constante confusión y contradicción entre las diversas autoridades de salud y de la Casa Blanca, mientras el país seguía a la deriva, como un barco sin capitán.

Los debates presidenciales

Ad portas de las elecciones, el 29 de setiembre se llevó a cabo el primero de tres debates presidenciales programados. El encuentro inaugural fue una muestra de la irracionalidad de Trump y de la falta de respeto a la ciudadanía, lo mismo que al moderador, que se vio abrumado y perdió el control de la discusión. Lejos de ser alturado, como históricamente han sido todos los debates sin excepción, Trump convirtió el debate en un circo vulgar: interrumpiendo constantemente a su opositor, zurrándose en los dos minutos asignados para responder, haciendo caso omiso al moderador que intentaba sin éxito hacerlo entrar en vereda.  El candidato–presidente se mostró grosero, ofensivo y absurdo en su descontrol.  Un fiasco total. Pero lo que ha quedado muy claro es lo que Trump representa. Y el peligro que significa para la democracia, aquí y en el mundo en general, pues lo que sucede aquí repercute en el mundo, nos guste o no.

Contrariando a los más reconocidos científicos nacionales (como al Dr. Fauci, prestigioso médico y Director del Centro Nacional de Enfermedades Infecciosas), una y otra vez insistió en que el Covid–19 no era nada más que una gripe ligera que pasaría rápidamente. Fueron varias las oportunidades en que arremetió contra Fauci (y otros científicos) para contrariarlo públicamente, iniciando un ataque frontal contra él y sus colegas, propagando falsedades de todo orden. Una de las más flagrantes fue sugerir que la gente podía inyectarse lejía para curarse del mal, convirtiéndose en el hazmerreír en las redes sociales de todo el mundo.

Trump sucumbió al Covid–19, y estuvo internado varios días en el hospital Walter Reed, superado el virus recibió el alta.  Así las cosas, la Comisión Organizadora de los debates presidenciales anunció que para proteger a los participantes el debate sería sin público, directamente desde los estudios de televisión, solo con el moderador y el personal técnico necesario.  En reacción a la adecuación de las reglas, Trump hizo uno de sus conocidos berrinches y optó por no participar diciendo que el formato “no era justo y lo desfavorecía”.

Joe Biden, en cambio, no perdió tiempo. Anunció su participación en un evento en vivo el 15 de octubre, que sería presentado en primicia por la cadena televisiva ABC, con un distinguido periodista como moderador.   La sorpresa vendría dos días después, cuando la cadena competidora NBC sorprendió al anunciar que llevaría a cabo un evento similar al del candidato demócrata, pero con Trump, en la misma fecha y hora. Un golpe bajo, a todas luces.  Esto le costó a la NBC recibir duras críticas y ser acusada de no servir el interés público, al impedir se pueda ver a los dos rivales en vivo. Una falta de profesionalismo en un momento crucial para el país.

Nuevamente el ex vice presidente Joe Biden, no decepcionó. Se mostró firme, moderado de voz y sorteó las preguntas sin mayor tropiezo. No fue una actuación brillante pero tampoco deslucida.  Por su parte, Trump no puede dejar de ser quién es. No impresionó, ni dijo nada nuevo.  Una presentación en la que no ganaron ni perdieron adeptos.

El debate entre el vicepresidente republicano, Mike Pence, y su contrincante, la senadora demócrata Kamala Harris, tuvo lugar el 7 de octubre, también sin presencia del público. Transmitido nacionalmente, el evento transcurrió sin turbulencia.  Kamala Harris lo hizo bien, y tuvo por lo menos una intervención brillante al replicar a Pence, con energía y sin ser descortés. Cuando este la interrumpió, le espetó: “Estoy hablando, Señor Vicepresidente”. Lo volvió a hacer una segunda vez: “Estoy hablando Señor Vicepresidente”, a la vez que desplegaba una atractiva sonrisa. Pence, por su parte, a diferencia de su jefe, mantuvo la serenidad, pero su participación fue bastante discreta. Sin duda, la estrella de la noche fue una mosca que por más de dos minutos se posó en la cabeza de Mike Pence, quien nunca reparó en su largo paseo por el plateado cabello.  Esta inesperada “intervención” se convirtió en viral en las redes sociales, e inundó TikTok causando sonrisas en todo el planeta.

Cada vez que abre la boca Trump se convierte en un triste espectáculo. Un comentario falso tras otro, ofendiendo y tergiversando todo lo que puede y se opone a sus intereses. No discrimina a quien insulta y hace daño; lo mismo da que sean profesionales o no, empleados de carrera, miembros de su gabinete, diplomáticos, correligionarios, héroes militares, o personas incapacitadas y a todo aquel que se cruza en su camino. Jamás muestra empatía ni interés por el otro. Persiste en atacar a la prensa, en general, excluyendo, obviamente, al canal Fox, un medio incondicional al republicano.  A principios de su mandato embistió contra los medios de comunicación, llamándolos “enemigos de la gente”; vilipendiando, intrigando y destruyendo la integridad de los periodistas.  Una conducta que desacredita la investidura de la Presidencia, instiga el odio y la desunión. Más grave aún: alienta y acoge a los supremacistas blancos y sus milicias.  Una conducta que embarra la imagen presidencial con su irresponsabilidad y temeridad. La incertidumbre y angustia debe acabar el 3 de Noviembre. Confiamos en que así sea.

(*) Periodista y activista política peruana residente en Estados Unidos.

JULIO GAMERO. UN TESTIMONIO PERSONAL

Enrique Fernández–Maldonado

No recuerdo exactamente dónde nos conocimos, ni en qué circunstancias. Estando en la universidad, su nombre ya me era familiar: economista laboral, ex viceministro de empleo, conocido en mis círculos de amigos; en suma, una persona cercana a la cual, ya entonces, valoraba como especialista en mi ámbito de interés académico y profesional. Pero sería a raíz de un artículo que publiqué en La República, donde hice referencia a un largometraje peruano que me impresionó mucho (“Paraíso”, de Héctor Gálvez) para reseñar un libro suyo, sobre el mercado laboral peruano, que este acercamiento se estrechó y afianzó.  En aquella nota intenté expresar algo que para mi parecía razonable: que desde el cine y la economía –dos lenguajes aparentemente opuestos– era posible retratar fidedignamente una realidad compleja, agobiante y desesperanzadora, como es la laboral para una mayoría de peruanos. Este paralelo me parece que le gustó, pues a partir de ese artículo, creo, se inició una amistad y relación que se enriqueció con el tiempo.

Más allá de esta nebulosa en mi memoria, me queda claro que en esta década de amistad compartimos tres momentos significativos, en lo que a mi respecta. El primero fue durante el proceso de transferencia del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MPTE), en el tránsito del gobierno de Alan García al de Ollanta Humala. El segundo se dio a raíz de las revueltas contra la Ley Pulpín, con la publicación de un comunicado y la formación del blog TrabajoDigno.pe. Y el tercero, más reciente, fue el apoyo que le brinde para la publicación de su libro El arbitraje laboral en el Perú. Sobre cada uno de estos momentos quiero compartir algunos recuerdos personales. Continuar leyendo

LA REIVINDICACIÓN DE LOS DERECHOS LABORALES DE LOS Y LAS TRABAJADORAS DEL HOGAR: UN HECHO HISTÓRICO PARA EL PERÚ

Lily Ku Yanasupo. Abogada. Secretaria General del Sindicato de Trabajadores de la Defensoría del Pueblo.

La Ley Nº 27986, Ley de los Trabajadores del Hogar, y su Reglamento, el Decreto Supremo 015–2003–TR, aprobados en el año 2003, se caracterizaban por la restricción de los derechos laborales de los y las trabajadoras del hogar, reconociendo beneficios inferiores a los establecidos en el régimen laboral general. Por ejemplo, que la remuneración sea pactada por las partes por “acuerdo libre”, pudiendo incluso ser inferior al mínimo legal; o que estos no puedan demandar el despido arbitrario, debido a que se faculta al empleador a separar al trabajador “sin expresión de causa”, bajo el argumento de que el trabajo doméstico es “de confianza”. Asimismo, respecto a los beneficios laborales (CTS, vacaciones y gratificaciones), estos se reconocen en un equivalente al 50% de lo establecido para los trabajadores sujetos al régimen general.

En su momento, dicha legislación se justificó en las condiciones económicas del empleador. Pero, en el fondo, sabemos que este estándar disminuido obedece a la constante desvalorización social y económica del trabajo doméstico, mayoritariamente ejercido por mujeres.

El 26 de noviembre de 2018, el Estado peruano ratificó el Convenio N° 189 de la OIT sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos. Casi dos años después, el Congreso de la República viene debatiendo el texto sustitutorio de la Ley Nº 27986 (Proyecto de Ley N° 00325/2016–CR y otros), el cual es –a todas luces– un importante paso en la reivindicación de los derechos de las mujeres en nuestro país. Y al mismo tiempo, un gran avance en materia laboral, pues no se pueden consentir en nuestra legislación espacios o sectores laborales excluidos del reconocimiento de derechos elementales, como es el establecimiento de una edad mínima para el trabajo, la remuneración mínima vital, la posibilidad de suscribir un contrato laboral, entre otros.

Sabemos bien que, en el Perú, los y las trabajadoras del hogar son un sector vulnerable de nuestra economía debido un conjunto de características que les son comunes. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Hogares del INEI del 2017, en el sector de trabajo doméstico, que está conformado por 395 mil trabajadores:

  • El 96% son mujeres.
  • Más del 50% tiene la condición de migrante.
  • El 92% se encuentra en condiciones de informalidad laboral.
  • El salario promedio mensual (tomando en cuenta solo el aspecto monetario) es de S/ 656 soles, es decir, por debajo del salario mínimo.
  • El 41% labora jornadas superiores a las 48 horas semanales (que es la jornada legal máxima permitida), y
  • El 14% se encuentra afiliado a un sistema previsional.

Bajo esa realidad, es de suma importancia que el Estado implemente una política de protección para el sector de los y las trabajadoras del hogar, que contrarreste las desigualdades que se generan en el ámbito del trabajo doméstico, que son de diversa índole (económica, social, laboral, educativa, previsional, etc.). Por ello, una reforma legislativa es el primer paso, pero no el único necesario. Se requiere un mayor fortalecimiento institucional en materia de trabajo. En concreto, brindarle al sistema de fiscalización laboral los recursos necesarios para que pueda realizar una labor efectiva sobre esta problemática.

¿Qué aspectos se estarían reivindicando con el texto sustitutorio de la Ley Nº 27986, “Ley de las Trabajadoras y Trabajadores del Hogar”?

A continuación, señalamos las principales:

  • Fija una edad mínima para el trabajo (18 años).
  • Se presume la indeterminación de la relación laboral.
  • El contrato de trabajo tiene que ser escrito y registrarse ante el Ministerio de Trabajo.
  • A falta de un contrato escrito, se presume la existencia de una relación laboral.
  • La remuneración pactada por las partes, no puede ser inferior al salario mínimo vital.
  • Establece una jornada laboral diaria (8 horas) y semanal (48 horas) máxima, acorde con la normativa general. Así como la percepción de una remuneración proporcional, en función a las horas efectivamente laboradas.
  • Establece el derecho al pago de las horas de trabajo extraordinario.
  • El pago de las gratificaciones y la compensación por tiempo de servicios (CTS) son equivalentes al monto de la remuneración mensual.
  • El descanso vacacional es de 30 días calendarios.
  • Establece el derecho a gozar de condiciones de seguridad y salud en el trabajo, cuyos costos no pueden estar comprendidos dentro de la remuneración.
  • Los empleadores deberán brindar facilidades para que los y las trabajadoras del hogar puedan continuar con su desarrollo educativo y académico.
  • Dispone la aplicación del régimen laboral general para los casos de despido, con lo cual los y las trabajadoras del hogar podrán demandar despidos nulos y arbitrarios.
  • Se reconoce a los y las trabajadoras del hogar los derechos colectivos a la sindicación, la negociación colectiva y la huelga.
  • Faculta a la autoridad inspectiva del trabajo a adoptar medidas provisionales que aseguren la eficacia de su intervención en materia de trabajo forzoso e infantil.
  • El acta de inspección laboral que deja constancia de la negativa del empleador a permitir el ingreso al domicilio, será valorada como presunción de hechos ciertos.

Como vemos, vienen otros tiempos para la defensa de los derechos de los sectores más vulnerables en nuestro país. Las organizaciones sociales debemos estar preparadas para promover y afrontar estos cambios. No debemos permitir que se nos arrebate lo que se viene avanzando en estos temas. Lejos de ello, nos corresponde activar al resto de instituciones que conforman nuestra democracia, y seguir empujando esta consigna contra las acciones de un sistema que –en términos generales– ha venido siendo opresor. Que nada ni nadie nos desaliente en dicha tarea.